INVERSIONES, SWAPS E INTERROGANTES

La Asociación Estratégica Integral con China

Más allá de las obvias diferencias de escala, el problema de los acuerdos no es la presunta vocación hegemónica china sino la visión de corto plazo de la mayoría de los empresarios argentinos, acostumbrados al subsidio.

La Asociación Estratégica Integral con China
El gobierno ha emprendido el camino. El problema es quién lo continúa.

Foto: Presidencia de la Nación

Por Horacio Rovelli / lavanguardiaweb *

La República Popular China es actualmente la nación que más bienes y servicios produce en el mundo, según estimaciones del Banco Mundial y del FMI (medido en dólares por poder adquisitivo en cada país), y en los últimos diez años su economía china ha crecido siete veces más rápido que la estadounidense, que queda relegada al segundo lugar. La tendencia es que la brecha entre ambas se amplíe.

A su vez, China es superavitaria en el comercio con los EEUU, y con los países de Europa (Alemania y Francia incluidas) desde hace dos décadas, lo que le permitió y permite acumular reservas internacionales en oro, divisas y títulos del Tesoro de esos países por el equivalente a 3,3 billones de dólares (seis veces el PIB de la Argentina).

China es un país que planifica y cumple en su mayor parte con los objetivos trazados, de manera tal que los logros alcanzados fueron previstos en los planes quinquenales. Por eso, es creíble el presidente Xi Jinping cuando proclama como meta a corto plazo lograr que en 2021 la sociedad china viva con las necesidades primarias y secundarias cubiertas, y como meta a largo plazo que China se convierta en un país completamente desarrollado para 2049. Ambas fechas tienen una importante carga simbólica, pues en 2021 será el 100º aniversario de la fundación del Partido Comunista de China, y en 2049 el centenario de la fundación de la República Popular China.

En China, la propiedad estatal es mayoritaria; le siguen la propiedad social cooperativa y luego la privada, a la que se le debe agregar la propiedad mixta en las “zonas especiales”, que es donde acordaron con las empresas extranjeras, teniendo siempre una alta participación el Estado Chino, que exige incorporación de tecnología de punta y capacitación del personal propio. Todo el conjunto funciona en una denominada “economía de mercado socialista”, sometida a un sistema impositivo y en el marco de la planificación económica central del Estado

En el plan quinquenal actual de China, después de haber crecido exponencialmente hacia afuera, se prevé la reconversión de la economía para apuntalar el mercado interno, un país de 1.400 millones de habitantes, donde año tras año pasa parte de la población rural a trabajar en las ciudades, todo eso en conjunto. Una sociedad cuya economía crece aceleradamente hace que sea la principal demandante en la tierra de alimentos, energía, minerales, agua, pero también de diversos insumos industriales para abastecer y cumplimentar los eslabones más débiles de la cadena productiva y distributiva.

Desde Mao Tse Tung, la política hacia el exterior de China se fundamenta en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica: no injerencia en los asuntos de otros Estados, no agresión, convivencia pacífica, igualdad y beneficios mutuos. También se rige por el concepto de “armonía sin uniformidad”, que anima a las relaciones diplomáticas entre las naciones a pesar de las diferencias ideológicas y económicas. Pero el supuesto pragmatismo chino se basa en los manejos de los tiempos, algo que pueden hacer porque cuentan con una sólida planificación. Como dijera Mao: “Lo urgente atenta contra lo necesario”. Saben lo que quieren, son conscientes de sus necesidades, de sus fortalezas y también de sus debilidades. Una fuerte disciplina, sumada a su gran capacidad de trabajo, más un pensamiento crítico precedido de la autocrítica hacen que sean lo que son

Es por eso que la presidenta de la Nación sostiene la asociación estratégica integral de los dos países, dado que nuestras economías son complementarias, por supuesto que en escalas sideralmente distintas. Estamos acordando con la principal, economía del planeta, cuando en lo económico tenemos una burguesía (originaria o extranjera que opera en nuestro país) rentista y corto placista, con bajo nivel de reinversión, fuerte dependencia de insumos y tecnología externa y que desarrolla su conocimiento básicamente fuera de la Argentina, aunque en lo político nuestro gobierno y el chino tengan una visión común sobre los principales problemas del mundo.

En ese marco y con esos jugadores, se busca el acuerdo con China también como modo de autodisciplina de los empresarios locales, que si no siguen el tren impuesto saben que tarde o temprano van a ser reemplazados por quienes están dispuestos a acrecentar la inversión y la productividad, que es el paradigma de todos los países que crecen.

La escala creciente del gran capital internacional (proceda de donde proceda) exige la apertura de la economía de los países periféricos y requiere que se elaboren bienes y servicios a precios internacionales. Para eso, es necesario:

a) Tener un mercado donde vender.

b) Disponer del capital para incorporar las constantes nuevas tecnologías, que incluye la capacidad financiera y crediticia a tasas de interés internacional.

c) Poder vertebrar las escalas necesarias de producción, solos o asociados, para satisfacer la creciente demanda.

Es por eso que la comitiva presidencial estaba compuesta por más de cien empresas del país, en su mayoría pymes, con un producto determinado y con capacidad real y/o potencial de abastecer la demanda del gigante asiático. Así como también, ante la crítica de la UIA (Unión Industrial Argentina), que de pronto se interesa por el empleo de la mano de obra local, el gobierno invita a Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA) a participar de la construcción de la IV Central Nuclear en la Argentina, ATUCHA III, que empleará un reactor del tipo tubos de presión, de tecnología CANDU, que emplea uranio natural como combustible y es moderado y refrigerado con agua pesada, similar al que se encuentra en la Central Nuclear Embalse. Tendrá una potencia instalada de 800 MWe, demandará ocho años de construcción y una inversión pública de 32.000 millones de pesos correspondientes a obras, suministros de componentes locales y montajes electromecánicos, más 2.000 millones de dólares que corresponderán a suministros y servicios de procedencia extranjera, lo que implica 70% de componentes locales.

La cámara metalúrgica también hizo referencia a la participación nacional que habrá en la construcción de las centrales hidroeléctricas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, que requiere una inversión de 4.714 millones de dólares totalmente financiado por China, con cinco años de gracia (que es el tiempo en que se estima que se terminará la obra), con una tasa de interés de 3,8% por arriba de la Libor, a 15 años de plazo (quiere decir que con el ahorro de la importación de combustible que significan las dos represas en funcionamiento éstas se pagan con creces). La empresa argentina Electroingeniería, que hará las obras junto con la firma de matriz china Gezhouba Group, sostuvo que se crearán 5.000 puestos de trabajo directos y 15.000 indirectos y que “sólo habrá supervisores y técnicos chinos que no pasarán de las 150 personas”.

Es significativa la inversión china en la línea del Belgrano Cargas, por lo que significa la recuperación y puesta en marcha en plena operatividad de nuestros trenes de carga apuntalando la integración de las economías regionales, relacionando los puertos del país y los cruces internacionales con nuestros vecinos de Chile, Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay.

Loa acuerdos petroleros y mineros, satelitales, alimenticios y demás, que deben ser transparentes y de pleno conocimiento de la población, implican en todos los casos una contrapartida de trabajo e inversión pública y privada de nuestro país. Recordemos que partimos de venderle a China soja, que esa principal demanda asiática en todos estos años hizo subir su precio, lo que implicó fuertes ingresos a la Argentina, y a partir de allí debemos venderle productos con mayor valor agregado de trabajo y tecnología. Contamos con una mano de obra disciplinada y capacitada, que se puede capacitar más, y depende de una inversión del capital que no tenemos; pero los acuerdos, para mantenerse en el tiempo (y repetimos, los chinos son excelentes planificadores, como lo demuestran sus logros), deben ser convenientes a las partes.

El acuerdo firmado el 18 de julio de 2014 con el Banco Popular de China, un nuevo acuerdo de swaps (pases) de monedas locales por un monto de hasta 11.000 millones de dólares y por tres años de plazo, le permitió a nuestro país acrecentar las reservas internacionales del BCRA en 3.100 millones de dólares. A fines de octubre, se activó un primer tramo por 800 millones, a mitad de noviembre otro por 500 millones, a comienzos de diciembre un tercero por 1000 millones, en enero de 2015 otros 400 y en los primeros días de febrero un quinto tramo por 400 millones, lo que posibilitó que las reservas superaran holgadamente los 30.000 millones de dólares, que no solo disipa las maniobras especulativas internas, sino también calma las apetencia de los fondos buitres que ahora esperan que se vaya el gobierno de los Kirchner para acordar con uno más proclive, máxime si, por confesión de partes, uno de los candidatos presidenciales dijo que se debía cumplir con la sentencia del juez Griesa.

Por último, en la reunión de la Presidenta, los empresarios chinos que tienen inversiones en nuestro país, no solamente pidieron las habilitaciones correspondientes, sino que, en el caso de Midea Group, accionista de Carrier, que comercializa aires acondicionados en Argentina, solicitaron poder girar dividendos, rompiendo el mal llamado “cepo” cambiario. Como afirman los periodistas presentes, ese reclamo no tuvo respuesta en el discurso presidencial, y no lo puede tener porque lo que se busca es la reinversión; después de que se acumule una parte importante del capital, se podrá hablar de remitir dividendos.

Las diferencias de escalas son insoslayables. El acuerdo debería haberse planteado también a nivel del Mercosur, pero sabemos cómo se ha manejado el empresariado brasileño, lo que piensa y como actúa la Federación de Industrias de San Pablo (y lo peor, no sin cierto grado de razón) sobre los empresarios argentinos, lo que torna por ahora inviable un acuerdo que nos abarque a todos.

El temor no es que China sea una nueva Inglaterra del siglo XIX o los EEUU del siglo XX. El verdadero temor es que no contamos con un enfoque industrial de nuestros empresarios, mal acostumbrados (lamentablemente en una amplia mayoría de los casos) a vivir de los subsidios cubiertos y encubiertos del Estado, fugar capital y con una visión de corto plazo, subordinada a la lógica del capitalismo central. Son ellos los que deben asumir el desafío de integrarse al mundo con actitudes empresariales de verdad.

El gobierno de los Kirchner ha emprendido el camino. Logró firmar el 18 de julio de 2014 el acuerdo estratégico que se profundiza y afirma en China en febrero de 2015. El problema real es quién lo continúa y de qué modo.

* Una versión de esta nota fue publicada en Miradas al Sur.


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