CLAUDIO MARÍN, SECRETARIO ADJUNTO DE FOETRA

“El Flaco nos devolvió la voz”

Para este dirigente, que se desempeña además como secretario gremial de la CTA, el movimiento obrero como expresión organizada está ausente de los profundos cambios que se están produciendo en la Argentina. La CGT, afirma también, no representa hoy a los sectores más dinámicos.

El Flaco nos devolvió la voz
Durante los 90, la dirigencia sindical defendió el aparato a costa de sacrificar conquistas, dice Marín.

 

Claudio Marín es secretario adjunto de un gremio con historia, FOETRA-Sindicato de las Comunicaciones, y secretario gremial de la Central de Trabajadores Argentinos. En esta entrevista, habla de la crisis del movimiento obrero que está detrás de la fractura de la CGT, del momento inédito que vive la Argentina y de la pelea que libran contra la estrategia de tercerización que impulsa la patronal.

–¿Cómo ve la situación gremial, con la fractura de la CGT?

–Yo entendí siempre que la unidad o la fractura tenían que ver más con una cuestión programática que con una cuestión de personas, ya que detrás de proyectos políticos permanentes siempre existen intereses económicos contrapuestos. No es un problema que dependa solo de las personalidades, aunque en este caso también tenga que ver con ellas. La relación que tiene hoy (Hugo) Moyano con Cristina Fernández de Kirchner no tiene nada que ver con la que en su momento tenía con el Flaco (se refiere a Néstor Kirchner), y esto influye, estas cuestión de no bancarse que una mujer sea la jefa es un tema que no es menor. ¿Es el centro de la cuestión? Obviamente que no, porque lo que subyace acá son dos o tres puntos centrales que son los que explican la crisis del movimiento obrero.

–¿Y cuál es el centro de la crisis?

–Hoy, de manera casi inédita, el movimiento obrero, como forma organizada, no está participando de un proyecto de país y de una cantidad de realizaciones que se han alcanzado en los últimos años y que van en el sentido de los programas de Huerta Grande, La Falda, que son proyectos históricos del movimiento obrero. Está ausente de esas transformaciones. Basta mirar la recuperación de YPF, con lo que eso significa, para preguntarse: “¿Y el gremio dónde carajo esta acá?” No está, pero, ¿cómo que no está? Pero el sindicato sí estuvo antes, cuando privatizaron YPF, cuando se asoció y puso una naviera. Entonces, hay una ausencia del movimiento obrero organizado por falta de programa y de propuestas que tengan que ver con la consolidación de un modelo de acumulación que privilegia el mercado interno y la sustitución de importaciones. Y falta un programa para ver cómo concretamos las propuestas —yo soy un marxista clásico, adhiero al concepto de praxis—, porque tengo que ver cómo lo hago y hacerlo; y en ese sentido, el movimiento obrero adolece de la falta de programas y de la falta de acción, ya sea producto de la defensa de intereses corporativos o de errores de caracterización política. No pueden decir “esto es lo mismo que el menemato”, “esto es lo mismo que la dictadura”, porque no es lo mismo. Entonces, si vos no sabés dónde estas parado y no manejás los tiempos en política, no avanzás nada.

–Hablaba también de intereses corporativos…

–Cuando hablo de intereses corporativos, no me refiero a que el movimiento obrero no tiene que defender el salario: lo primero que tenemos que hacer los dirigentes sindicales es defender los intereses de la gente, y esto está por encima de cualquier consideración y circunstancia. Los compañeros nos dan su aval para eso; después, nos dicen que además tengamos un programa y juguemos en política y que estemos aquí o allá. Pero nuestro primer contrato es básicamente económico y después es político. Y en ese sentido, yo creo que no se trata de que evitar cualquier contradicción con el Gobierno, sino de no tener una actitud destituyente, porque de lo contrario no se diferencia un modelo de especulación financiera, en donde los laburantes no existimos, de un modelo de acumulación donde los laburantes somos parte necesaria. Ése es un error de caracterización que favorece la confusión en las filas del movimiento obrero. ¿Por qué se confunde Moyano, como se confunden muchos dirigentes? Las relaciones que hay entre las centrales sindicales y los gobiernos, ese pívot necesario entre los dirigentes sindicales y los gobiernos, no ha sido resuelto nunca en la historia del movimiento obrero, ni siquiera en los países socialistas. Siempre existen contradicciones porque los tiempos políticos que manejan los gobiernos son tiempos distintos a los tiempos sindicales ¿Tienen que primar los tiempos políticos? No necesariamente, porque es imprescindible establecer una relación entre el poder político y el poder sindical. Esa relación hoy está rota y esa ruptura lleva a que se termine jugando a la presión con la consigna “Esto es lo mismo”, como si fuera lo mismo Biolcati que Cristina. Son pelotudeces que por otra parte no se condicen con lo que piensa la gente: por algo el Gobierno tiene un plafón de aceptación importante y lo sigue construyendo.

–¿Qué se juega en esta elección de la CGT?

–La diferencia entre esta elección de la CGT y otras es que en ésta se van a contar los votos; en las otras, no se contaron jamás. Porque a nadie le importaban lo votos, sí lo que representaba ese dirigente, es decir si era el pívot, la bisagra con el proyecto político. No era necesariamente el que contaba con más apoyo, porque lo que encarnaba la conducción de la CGT era al elemento más dinamizador de la vida social, política y económica del país en ese momento. Entonces, nadie contaba los votos porque en la articulación con el poder político representaba el elemento más dinámico de la sociedad. Hoy, la situación es otra, ni hay bisagra con el Gobierno, ni se está representando el movimiento más progresivo de esta transformación social, que es profunda.

–Esta pérdida del factor dinámico ¿se la atribuye a la crisis de la dirigencia?

–Claro. Siempre que uno hace un análisis de una situación determinada tiene que decir cuáles son los elementos objetivos y subjetivos. En este caso, la crisis de la dirigencia es un elemento subjetivo muy importante. No es el único: hay una profunda transformación económica, política y social de la Argentina, y el movimiento obrero está dando vueltas alrededor de eso. El modelo sindical también está cambiando. Estamos ante una situación similar a la de la industrialización y sustitución de importaciones en los años 40, y eso trajo una revolución dentro del movimiento obrero, una sindicalización masiva impulsada desde el Estado. Ahora, estamos ante cambios muy importantes, de carácter masivo, que van a transformar la geografía social del país, y en eso no está inserto el movimiento obrero organizado; basta con decir que la mayoría de las gremios no tiene comisiones internas. No estoy diciendo que no está sindicalizado o que está en negro —tenemos 35% en negro, una masa de la cual nadie puede decir demasiado—, sino que la mayoría del movimiento obrero no tiene funcionamiento de comisiones internas, que son el verdadero elemento diferenciador del movimiento sindical argentino, no la CGT única —la pelotudez esa, cosa que además nunca fue—, sino la existencia de las comisiones internas y su relación con la dirigencia. Ése es el elemento que nos distingue en toda Latinoamérica, tal como escribió Daniel James en su libro Resistencia e integración. Es una tarea de sindicalización masiva que tenemos que encarar.

–¿Cómo llevan ustedes la pelea por los tercerizados? –Hace un par de días, se nos murió electrocutado un compañero tercerizado. Nosotros ingresamos una cantidad de tercerizados a planta. Arrancamos en 2007 con un conflicto donde participaron todos los de planta. Salimos al paro para meter a los tercerizados adentro. Es inédito. En ese conflicto, soldamos las puertas con la eléctrica para que no entrara la patota de Telefónica, que hizo un conflicto muy agresivo. Duró un mes. Esto no se conoce, pero fue así, a las trompadas. Mandaron patotas de la UOCRA y unas cuantas cosas jodidas más, pero al final llegamos a un acuerdo para empezar a discutir el ingreso de los tercerizados y recién pudimos empezar a hacerlo efectivo hace un año y medio: ingresamos 250 en Telefónica.

–¿Cuántos tercerizados tienen?

–Aproximadamente mil compañeros en el ámbito nuestro. Ahora, se está frenando el ingreso. Tenemos tercerizaciones que son un fraude laboral. Aparte de los servicios colaterales a la razón principal de la empresa, seguridad y limpieza y los que mantienen los aires acondicionados, el resto es todo fraude. Se trata de tareas inherentes a la razón principal de la empresa que se hacen con una compañía que está en otro convenio, con otras condiciones de trabajo. No es que sean convenios menores, a veces son convenios inespecíficos y es muy fácil burlar las condiciones de trabajo. Y a su vez, se dan retercerizaciones, situaciones en que la primera compañía que gana la licitación del trabajo no es la que contrata: pasa por tres o cuatro manos de subcontrataciones a otras compañías cada vez más pequeñas, y termina en un monotributo. Esto ahora se va emprolijando. Nosotros presentamos varios proyectos para que el pasamanos no se pueda hacer y para que la razón principal de la empresa no pueda tercerizarse. Es una forma de precarización laboral que hay que combatir. Hay muchas otras, pero ésta es preferencial, porque la idea central es fracturar al colectivo, y a veces terminan pagando más caro para que no estemos en un mismo sindicato. Quieren que estemos desorganizados, atomizados, con distintos sueldos, sindicatos, condiciones… Es una tarea sistemática de la gerencia de recursos humanos.

–¿Se identifica con alguna figura histórica del sindicalismo argentino?

–Con Agustín Tosco. Yo de chico militaba en el movimiento estudiantil y en ese momento también estaba Alberto Piccinini en Villa Constitución. Ahora que me tocó a mí ser dirigente sindical y me preguntan a qué me dedico, tengo que explicar que no soy un cagador. No es lo que pasaba en aquella época. ¿Cómo se llegó a esta situación? Fueron muchos años de demolición. Durante toda la década del 90, la dirigencia sindical optó por defender el aparato aún a costa de sacrificar conquistas, y eso tiene consecuencias muy fuertes. Y hoy día, la dirigencia sindical no está participando de lo que sucede en el país, que es increíble. Ninguno de nosotros lo soñó; yo pensé que en los 70 habíamos llegado al máximo…

–Algunos dicen que es una generación privilegiada, porque vivió los ’70 y ahora, de yapa, cuando ya casi no tenía esperanzas, le tocó esto.

–Es la astucia de la historia, en el momento en que el Flaco bajó el cuadro, nos devolvió la voz. Hizo lo que muchos de nosotros quisiéramos haber hecho si hubiéramos podido, y eso es muy fuerte.

Dardo Castro


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