LA REELECCIÓN DE DILMA ENFRENTA UNA INESPERADA AMENAZA

Marina, el ariete del establishment

Con un Aécio Neves estancado, el azar concedió a la derecha brasileña una nueva oportunidad. La candidata del PSB hace los deberes, recibe apoyo económico y pone en riesgo los grandes avances sociales garantizados por el PT.

Marina, el ariete del establishment
El Brasil que pretenden retratar los titulares de los grandes medios no es el mismo que perciben sus clases populares.

 

El coordinador de campaña del PSB de Marina Silva reunió a los comerciantes de São Paulo para pedir votos que hoy son del PSDB. Dijo que si Dilma es reelecta esa fracción de la sociedad brasileña —el último bastión de la clase media— quedará sin partido propio. Le hablaba al “partido del orden”, atascado en 15% con Aécio Neves, que pierde apoyo en São Paulo, Rio de Janeiro y su Minas Gerais de origen. Marina y el PSB necesitan consolidar el voto conservador del sector menos volátil del Brasil actual.

El pleito de octubre, que hace un mes parecía resuelto con la reelección de Dilma, tuvo un giro vertiginoso el 13 de agosto al morir en un accidente aéreo Eduardo Campos. Candidato de poca fuerza electoral, el ex gobernador de Pernambuco llevó al partido de centroizquierda PSB, cada vez más liberal, al tercer lugar en las encuestas. Hasta ese momento, se mantenía atrás de Aécio, candidato de la socialdemocracia de centroderecha, el PSDB, cada vez más conservador. La gran empresa se apoderó del PS brasileño, un nuevo partido de Tercera Vía, probusiness, que sólo mantiene el mote “socialista” para no perder la vieja militancia heredada del legendario Miguel Arres.

La confirmación de Marina, en clima de hostilidad por parte del ala histórica del PSB, fue decidida por los partidos coaligados “Unidos por el Brasil”. La coalición del PSB y la “Red de Sostenibilidad” de la candidata exige confirmar las alianzas en los estados, sobre todo con el PSDB de Sao Paulo, el más conservador. Antes de la muerte de Campos, el conflicto de Marina y su supuesto conservacionismo con el agronegocio no lograba transferirle votos, y le creó incluso dificultades. Ministra de Lula durante ocho años, y petista desde 1979, dejó el PT porque su figura decrecía ante la influencia de la entonces ministra Dilma. Brasilia era chica para las dos. Se fue al Partido Verde, y enseguida salió al ver que no se doblaba a sus ansias de poder. Hasta hace un mes, Eduardo Campos perdía alianzas importantes, y Marina le arruinaba la candidatura.

Dilma parecía imbatible, hasta que Campos subió al avión que caería en Santos. El accidente puso a la cabeza de la candidatura del PSB a Marina, que en 2010 recibió 20% de votos representando al Partido Verde. Este año, al no poder registrar su “Red”, Marina se unió a la socialdemocracia proempresarial del PSB, y ya es la mejor apuesta del establishment contra el PT en las elecciones de octubre. Evangelista en un país católico, es conocida por su acción en la Amazonia, que la vinculó al ambientalismo del Open Society Institute de George Soros. Mientras el Banco Santander aconsejaba a sus mejores clientes no votar a Dilma, el Itaú daba su naipe de oro a Marina. El gran aporte financiero ya sale de los bolsillos más conservadores, mientras la cercan los gurúes económicos liberales y privatistas. “Para empezar, no tendrá la más mínima capacidad de tener un equipo de gobierno, sin lo cual las promesas y programas más avanzados se deshacen en el aire. Además, hay dudas sobre su discurso contra ‘la vieja política’, extraño en una jefa sin mayoría parlamentaria. La posible presidente Marina es un presagio de una crisis tras otra “, dice el diario conservador O Estado de S. Paulo.

En 2014, el establishment se une en torno a una nueva aventura. Tres derrotas seguidas del PSDB-DEM hacen a sus votantes vacilar ante el perdedor Aécio, mientras que los medios de comunicación, los bancos y gran parte de la clase media ya aceptan a Marina como la figura que promete derrotar a Dilma y al PT. Por ahora, Marina es un interrogante, pero detrás del escenario ya se lucha por cargos y concesiones. Roberto Setubal, al festejar los 90 años del Itaú, lo dijo muy claro: “Brasil va por un nuevo rumbo con la elección de Marina Silva para la presidencia”. Así, el principal banquero del país descartó de un plumazo a Aécio, candidato natural del sistema financiero, y decretó la elección acabada.

Las encuestas muestran que —aunque trata de agradar a sus aliados en los medios de comunicación y pintar a Marina como el “PT disfrazado”— los aportes de capital a Aécio desaparecen. Editorial Abril y Globo, marcos del pensamiento de la élite, no se arriesgan todavía con Marina, que es la única opción para vencer a Dilma y al PT. La maquinaria mediática aliada hasta ayer al PSDB no lo ayudará y Aécio se desvanecerá, perdiendo incluso Minas para el PT. El mesianismo de la “nueva política” es, a juzgar por el apoyo de Itaú, un socio más fiable para los bancos, pero un eventual gobierno será inestable, como lo fueron los de Quadros y Collor.

La vieja União Democrática Nacional (UDN) que mató a Getúlio Vargas y João Goulart va de mal a peor con Lula y el PT, y se embarcará en la aventura, aunque le implique apostar de nuevo en lo desconocido. Los grupos más conservadores, que odian el PT, dejarán a Aécio y fortalecerán a Marina, pero aún es pronto para confirmar esta tendencia como definitiva.

La peor pesadilla del PSDB es que la transferencia de votos en el polo conservador de la oposición lo deja más a la derecha. Mientras Marina se aleja de algunas de sus promesas, su coordinadora de campaña, Neca Setúbal —de la familia propietaria del Itaú—, asegura que mantendrá el compromiso de garantizar por ley la autonomía del Banco Central.

Pasados los recelos iniciales, Marina se pinta de un mesianismo posmoderno y la revista ultraconservadora Veja le hace un reportaje amigable. “No caigo en la trampa, bajo ningún pretexto, ni siquiera para sacar al PT. En la democracia, el voto es inútil. Si Dios se rinde a la tentación y tengo que elegir entre Dilma y Marina ¡prefiero morir!” dice en cambio el consultor de Folha de S. Paulo Reinaldo Azevedo, y muestra que la derecha se divide.

Una reciente encuesta de IBOPE dice que el pueblo brasileño sabe que su situación económica es buena y va a mejorar. Sin embargo, cree que la economía del país en el que vive anda mal. ¿Por qué? ¿Cómo es que la gente se siente bien económicamente, es optimista sobre el futuro y, al mismo tiempo ve que la “economía del país” va mal? Es que los medios son de la megaeconomía, la de la gran empresa, fuera de su realidad popular. Es fácil de explicar lo obvio, ya que Brasil es el mismo país en el que el pueblo brasileño vive hoy mejor que hace 10 o 15 años. Y éste no es el país de los titulares del fin del mundo que pintan un Brasil que no tiene nada que ver con el que hoy vivimos. ¿Por qué? Porque para las grandes empresas las cosas podrían ir mejor sin el PT; y alquilar al PSB y a Marina es la mejor opción para esto. 

Javier Villanueva
Desde San Pablo


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